Reencarnada como el fenómeno alado

by Astraeanv1

Capítulo 3: Contra el frío

8 min readPublished Jun 16, 2026

Concéntrate. Concéntrate, por favor. Mantén la calma, respira profundo y no te desesperes. ¡Cálmate de una maldita vez! Mis pequeñas manos se apretaban en puños temblorosos mientras juntaba los dientes con tanta fuerza que me dolía la mandíbula. No lo puedo creer. Simplemente no puedo aceptar esta realidad aún. Después de todo lo que sufrí, no he subido ni siquiera un solo y mísero punto de experiencia.

—¡Qué maldita mierda! —dije al vacío, con la voz quebrada.

Sentía los ojos calientes y lagrimeando por la rabia, nublando mi visión, y mi rostro se arrugó en una expresión de enfado puro, haciendo pucheros infantiles como la bebé que este mundo asegura que soy.

Sigo sin poder creer esto. ¿Cómo es humanamente posible que haya obtenido una habilidad al borde de la muerte y el estúpido sistema no me suba de nivel, ni me haga ganar un mísero

 punto de EXP por todo ese esfuerzo? Eso es una burla en mi cara. Pero bueno, ¿Qué más quiero? Por ahora supongo que me basta con seguir viva y tener esto; lo que pasó, pasó —me dije en un susurro ronco, secándome bruscamente las pocas lágrimas que se escapaban por mis mejillas.

Suspiré pesadamente. Bueno, debo concentrarme en ver qué puedo hacer ahora con lo que tengo, en vez de estar hablando y quejándome sobre lo que ya sucedió y no puedo cambiar. Debo ver de qué se trata esa habilidad como tal para entender sus límites.

—Abrir panel de control —ordené en la penumbra.

El brillo translúcido de la pantalla se materializó frente a mí, proyectando su luz sobre mi rostro cansado.

JUGADOR: 0000.002 

MUNDO FANTÁSTICO: EndGard

  NIVEL: 01 

CLASIFICACIÓN: Cuarzo 

RAZA: Alada 

EDAD: 5 Años 

NOMBRE: Astraea 

GÉNERO: Femenino 

HABILIDADES: Resistencia Tóxica Nv 1 

EXP:

MISIONES: 7

Mis ojos escanearon los datos estáticos hasta llegar a la única anomalía. —Veamos... inspeccionar habilidades —dije en voz alta, para obligar al sistema a mostrarme todo sobre esa habilidad.

Habilidad: Resistencia Tóxica Nv 1: Esta habilidad le permite al usuario resistir toxinas dañinas que lo perjudiquen. Dependiendo de su Nv, puede resistir de bajas a grandes cantidades tóxicas.

Leí la descripción varias veces. Entonces, la clave es matemática: el nivel es lo que importa para llegar a ser verdaderamente inmune al veneno. La gran pregunta es: entonces, con este inútil Nivel 1... ¿Cómo diablos resistí ese veneno asqueroso hace rato? De verdad no entiendo absolutamente nada de que "el nivel es lo que garantiza la resistencia". La única explicación lógica que mi cerebro logra procesar es que ese veneno, en realidad, era débil. Estaba diluido, y por eso, con este horrible nivel uno básico, mi pequeño cuerpo pudo resistirlo. Sí, eso es lo ocurrido. Ya debería de olvidar el trauma de lo que pasó, bloquear el dolor de mi estómago, o si no me volveré completamente loca en este encierro.

Intenté moverme, pero el ambiente implacable me lo impidió. El frío acecha tanto en este calabozo que no he podido ni asomar la nariz fuera de esta manta andrajosa. Aunque esté mugrienta, tiesa por la suciedad y dé un asco tremendo con sólo olerla, es literalmente lo único que me quita el frío espantoso que hace en este lugar de pesadilla.

Si esto sigue así, no cumpliré jamás ninguna de esas malditas misiones; el clima me matará primero. Debo esforzarme y salir de este lugar. Tomando todo mi valor, me levanté de golpe. Me moví rápidamente y me puse de pie, quitándome la pesada manta de los hombros. Pero, en el preciso instante en que puse la planta de un pie descalzo en el suelo helado, un escalofrío tremendo, casi eléctrico, me recorrió el cuerpo de pies a cabeza. Sentí como si perforaran mi piel con mil agujas. Aquel choque térmico hizo que me enrollara rápidamente otra vez en la manta a la velocidad de la luz y me subiera de un salto a lo que se suponía que era una vieja cama.

¡Qué frío, qué puto frío! Castañeteaban mis dientes. No creo poder salir de aquí ni dar tres pasos, hace demasiado frío para un cuerpo tan pequeño. ¿Qué hago? Piensa, cerebro, piensa —me decía a mí misma, frotándome los brazos, para ver cómo hacía para salir y tratar de cumplir al menos una mísera misión—. Piensa. Si salgo así, a pecho descubierto, me moriré congelada a los pocos minutos, sin abrigos ni pieles para soportar la nieve helada del exterior.

Mientras pensaba desesperadamente, me movía de lado a lado de la cama por puro nerviosismo, completamente envuelta en la manta. Iba de un extremo a otro, intentando generar calor, hasta que en una de esas veces en las que me moví hacia un lado con demasiada fuerza... la vieja estructura cedió.

Y de repente me hundí dentro de la cama de golpe. La tela podrida se rasgó y caí hacia el interior. Empecé a patalear desesperadamente, asustada y a ciegas, sintiendo que me habían tragado viva. Veía todo oscuro, sofocante. Patalear frenéticamente hizo que me agotara en cuestión de segundos, perdiendo el aliento.

Pero entonces noté algo extraño. Estaba calientito. El interior de este hoyo estaba tan, pero tan calientito y aislado del viento exterior, que me quedé por un momento completamente quieta y calmada, procesando la agradable sensación. Observé hacia arriba, respirando el polvo; allí estaba el agujero irregular por donde entré. Solo me debía poner de pie y estaba listo, ya habría salido de ese pequeño hueco, pero apenas asomé la cabeza fuera del hoyo, el frío viento de la habitación me resopló directo en el rostro como una bofetada helada.

Me puse a pensar, y se me encendió el foco, y me vino a la mente una idea tremenda. Es una paja aislante. Con esto sí tal vez podré salir sin congelarme. Uy aunque es cierto que huele un poco mal, a humedad y abandono, pero eso es lo de menos ahora mismo. Lo verdaderamente importante es no morir congelada. Ahora solo debo buscar la forma de reducir su tamaño, o mejor dicho, llevarlo conmigo. ¿Cómo hago eso? ¿Qué hago?

¡Ahhh! Si rompo las esquinas de la tela gruesa de la cama y las uso como una cuerda, tal vez sí lo pueda hacer. Bueno, ¿por dónde empiezo? Agarré con fuerza la esquina dura de la tela de la cama y la jalé con todas mis fuerzas, utilizando lo poco que me quedaba de energía en este cuerpo desnutrido. Y sí, se partió en una tira larga y áspera. Animada, hice lo mismo nuevamente en todos los bordes para sacar varias tiras.

Qué frío hace fuera de la cama, pero ya no será por mucho tiempo, jejeje —susurré con una sonrisa torcida.

Agarré las tiras que acababa de rasgar y las coloqué a un lado de mí. Salí de mi escondite y me senté en el suelo helado. Sentí los escalofríos taladrarme hasta el alma, pero ya no me importaba. Continué con mi plan. La paja seca que tiene la cama por dentro la meteré directo en mi ropa o en estos trapos mugrientos, bueno, lo que sea que son estas prendas, y amarraré los huecos por donde pueda caerse. Y estará listo.

¡Jajajaj! ¡Qué inteligente soy, jajajaj! —me reía sola en la penumbra, escuchando mi propia voz sonar como una absoluta loca desquiciada, jajajaj—. Pero bueno, ¿en qué estaba? Ah, verdad. Estaba por meterme la paja en la ropa.

Agarré enormes puñados de la paja mugrienta y con mal olor de mi cama, la cual acababa de destrozar prácticamente sin piedad, y la metí a la fuerza debajo de mis prendas. Ahora me tengo que amarrar por donde se pueda salir. El punto principal sería en la cintura. Me pasé una de las ásperas tiras de tela por la cintura, jalé con fuerza, quitándome un poco el aire, y la amarré apretando mi ropa contra mi cuerpo.

Luego fui a las mangas. Entre los brazos me amarré otras dos tiras, usando los dientes para ayudarme, para que por ahí no se saliera la valiosa paja. Finalmente, terminé de rellenar mi ropa por completo, empujando la paja hasta que se notara asomando por mi cuello. Picaba de una forma infernal contra mi piel y olía horriblemente a polvo viejo, pero... al menos ya no tenía frío. Me miré el cuerpo hinchado. Me sentía literalmente como una bebé inmensa y regordeta envuelta en mantas, lista para ir a dormir en una cuna.

—Pero este no es momento de dormir —me dije a mí misma en voz alta, dándome un leve golpe en la mejilla. Y me levanté del suelo helado tambaleándome torpemente por lo incómodo, pesado y extraño de andar con todo este nido andante encima.

—¡Ahora sí! Ahora sí que puedo salir y podré cumplir con estas misiones. ¡Sí, exterior, allá voy! —dije con entusiasmo, caminando a trompicones hacia la salida.

Pero me detuve en seco a los pocos pasos que acababa de dar. Agaché la pesada cabeza hacia el suelo. Empecé a reír. Primero fue una risa sorda, luego una carcajada histérica con un rostro ojeroso completamente sorprendido ¡Jajajajaja! ¡espera! ¿Cómo carajos tendré pensado ir para afuera para cumplir las misiones... si ni siquiera puedo abrir la puerta? ¡Ahhh! ¿Soy completamente estúpida o qué? ¡Mierdaa... no puedo creer mi ignorancia! —gritaba enfurecida, rasgándome la garganta, con los ojos llenos de lágrimas de sollozos.

Uff... uff... relájate. Relájate, como era a si Astraea. Ya solucioné el grave problema del frío, pero ahora me falta la parte física más complicada, que es materialmente salir de este maldito lugar —gritaba para mis adentros.

Veamos cómo salgo ahora. ¿Qué herramientas tengo? ¿Qué puedo hacer para salir, qué rompo? Piensa, piensa... ¡Eff! Ya el cerebro ni siquiera me quiere ayudar a pensar. ¡Qué fastidio más grande! ¿Qué hago ahora? Todavía estoy encerrada, parezco un maldito espantapájaros y la estúpida puerta ni se mueve. Pero no me voy a morir aquí. 

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